El juego espontáneo

Cuando nos empeñamos en algo, incluso cuando no sabemos cómo hacerlo junto con la pasión por construir algo en equipo, nos impulsa a lograr superar pequeños retos.  Es fundamental encontrar personas o situaciones en el día a día que nos puedan ayudar a afrontar o desarrollar habilidades con optimismo y con actitud constructiva. 

Resulta interesante compartir aprendizajes porque no sólo aprendemos de los maestros, sino de otros niños y niñas, así como  de la experiencia misma. Encontramos esto y más en la vida cotidiana de la Escuela combinándose con la organización de otras tareas que refuerzan los juegos simbólicos, la construcción, la plástica o la psicomotricidad. Pero también el patio de juego. Esto permite una atención individualizada y ayuda al maestro a dar mejores respuestas a las características personales de cada niño.

Para que el lenguaje cobre un significado y para que la destrezas tengan un sentido han de darse nuevas estrategias, pensamientos, habilidades estas que fluyen detrás de cada pequeño o gran acontecimiento en la escuela. En definitiva necesarios para identificarse con la vida. Podríamos considerarlos como intercambios que hacen que la escuela sea un lugar dinámico y que los conceptos sean visibles constantemente. Así como los vínculos que se establecen unidos a la comunicación; el reconocimiento que subyace de la mirada del maestro frente a las acciones de nuestros niños.

El valor del juego espontaneo y su estética en este caso espontánea, simplemente es en si mismo una maravilla, es un ofrecimiento efímero cargado de un pensamiento o más, unidos a varios símbolos en acción.

“Experiencia Estética y Arte de Participación: Juego, Símbolo y Celebración”. por Javier Abad Molina.