Memorias del viento, lo imperfecto.

Experiencia realizada por niños de cuatro años
Antiguamente las alfombras persas se completaban con una imperfección poco perceptible a simple vista, se hacía para recordar la humildad del artesano que la creo. ¿Podríamos reconocernos y apreciar la imperfección como parte de una armonía natural de la vida? Cuando los niños nos presentan sus conquistas y sus producciones o sus hallazgos solemos sorprendernos, abrazarles y aplaudirles, pese a sus bordados sin terminar, sus borrones y rotos o sus construcciones endebles. Las maestras dan valor a sus logros, pero a la vez se estimula la idea de que la imperfección es una oportunidad para seguir creando y aprendiendo. Hay niños, personas, que vamos creciendo sabiendo que la Vida puede ser un proceso donde lo imprevisto es posible. Me llama la atención, que posiblemente con el tiempo nos volvamos tan exigentes con nosotros mismos que se nos olvide la belleza de la imperfección y que esta forma parte de la condición humana. Este concepto en el que no se oculta los defectos, si no que se muestran como una posibilidad donde el azar toma parte, donde se permite que se vea la fragilidad de las cosas es toda una actitud, que si me permitís es toda una actitud artística. El poder apreciar lo perecedero, lo fugaz, lo irrecuperable o las grietas es celebrar la imperfección y la espontaneidad. Pero también es restar peso a las preocupaciones materiales y dar valor a las posibles soluciones que no se nos habían ocurrido. Según Richard R. Powell en Wabi-Sabi Simple: Create beauty, Value imperfection. Live deeply Explica que la imperfección también da valor a lo auténtico, reconociendo que nada dura para siempre, nada está completo. ¿Por qué no dar valor también a la naturaleza de las cosas simples?



Fotos proporcionadas por las maestras en formación del curso:

Creatividad a través de la expresión plástica inspirada en cuentos, arte y naturaleza






Gracias a la maravillosa labor del CPR de Plasencia y al trabajo conjunto de Rita Noguera