Arte anónimo

En mi camino cada día encuentro siempre muchas cosas interesantes, esta es una de ellas. Arte en vallas, anómimo y colectivo. Durante un tiempo he ido recogiendo fotos y parando el coche y participando en un posible diálogo. La sociedad es un ente complejo pero vivo. Se produce, se modifica y se forma según la gente que la habite. En cualquier caso coexiste un arte propio en las calles reflejo de un sin fin de inquietudes. A mi me gusta participar en este diálogo, a veces parece que con sentido y otras no. Siempre son los mismos vasos, parecería que los vasos cobran un mejor sentido que el de estar tirados en la acera.  Y todo aquel que quiera intervenir esta invitado.
El mensaje dura lo que dura, bien alguien cambia la frase o bien las inclemencias del tiempo deciden que es hora de cambiar de texto. Siempre he pensado que sería una acción divertida para la escuela, no hace falta más que una valla, ganas de comunicarse y de participar. Ofrecemos así nuestras palabras, nuestras frases del día en una intervención dónde cualquier cosa puede pasar si consideramos que es una obra abierta que conlleva la participación activa de los paseantes y donde dicha participación, como el arte en sí mismo, han de ser entendidas como un juego.


Magia


Quizás nuestro sentido de magia podría ser nuestra sensación de que existen mundos más allá de
nuestra imaginación, más allá de lo conocido. Parece que es inagotable esta capacidad de maravillarse en los niños y que esta ligada a la curiosidad. Cuando los niños juegan, los niños experimentan con el mundo y utilizan los resultados de esos experimentos para cambiar lo que piensan de los objetos y de sí mismos. Aprendemos así esa particular combinación de creencias, deseos y sentimientos, rasgos de personalidad, motivaciones e intereses. Pero también las reglas que nos rodean, las convenciones arbitrarias como principios morales.
















En fin, ser maestra de educación infantil es tener la fortuna de presenciar estos procesos que se reflejan en cara de asombro. Estuvimos haciendo copos de nieve sin parar, era magia decían los niños, el recortar y doblar papel se convirtió en un ejercicio lleno de sorpresas. Con los trozos de papel sobrantes surgió una escultura que a modo de un mecano, iban enrollando papel,  y colocando con suavidad y estrategia para crear un laberinto luminoso. A mi me sorprendió la capacidad y persistencia de los niños en colocar cada pieza sin pegamento alguno sobre cada una de las fuentes de luz que previamente habían  agujereado el cartón. Yo les puse la luz el resto la imaginación.




Escultura realizada por niños de cuatro años en ed. infantil