Un árbol que crece en la Escuela.

No sueño con lo imposible,
sueño con mecerme contigo
cuando el aire te despeina.
Sueño con  abrazarte
para  formar juntos nuevas sombras.
Sueño con tus besos mudos
y el tacto de las hojas y las noches  
de luciérnagas.
j.v.











En mitad del camino...

Según Wallon, un rasgo esencial de las emociones es su extremo poder de contagio de un individuo a otro. ¿Podría ser el juego una apropiación del ambiente a través de las emociones? ¿Puede el aprendizaje estar ajeno a las emociones o al entorno? La relación educativa puede ser un intercambio, un diálogo entre personas o el entorno, quizás sea este un aspecto que de forma o identidad a un contexto cultural cualquiera en una comunidad.


¿Puede ser un pasillo, una entrada, un paso, una escalera cualquiera un lugar dibujado por una amalgama de experiencias educativas? ¿Puede ser la Escuela un lugar donde convergen diferentes formas de aprendizaje?


Hay fuentes de conocimiento que provienen de la actividad de los niños, bien sea a través de la manipulación o la exploración. Y otras son transmitidas por el entorno, aquí es el lenguaje donde tiene un papel interesante.
Quizás comprender la Escuela, como espacios educativos con sentido, suponga la integración de las diferentes fuentes del conocimiento. El niño echa raíces donde nace y crece; geográficamente, culturalmente o afectivamente. Cada niño debería tener la oportunidad de opinar y reconocer el mundo que le rodea, para ello deben confluir múltiples modos de expresión dónde podamos participar juntos, dejando que el edificio hable por si solo.






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