¿Se puede perder el tiempo?


Time Tunnel

Se demora en mis labios
un dulce despertar
el tiempo se cuela entre las grietas
de la piel
fundando nuevas historias
furor de hogueras. 
j.v.


¿Qué es el tiempo para los niños? Las observaciones recogidas fueron muy interesantes y de ellas esta inspiración. La espera, es una fuerza, saber que el tiempo ha de pasar, entendiendo que las cosas, vienen o van. Esperar es mirar el mundo, percibir que todo tiene un ritmo. Hemos visto como cada tarde las familias esperaban a sus hijos un ratito “más” mientras descubrían el mundo desde una nueva mirada, allí dentro, un reflejo de colores y sonrisas. Hemos visto que esperar puede ser una prueba, la tendencia a madurar, a crecer inevitablemente y a comprender que lo que esperas puede hacerse realidad.

"El tiempo, utilizando otra metáfora, es el hilo de la vida que nos une de manera simbólica para entendernos en el entramado que vamos tejiendo en el día a día. Es algo que lleva una vida entera de aprendizaje, para relacionar la acción inmediata y la narración continua (la propia vida), para otorgar un sentido que ayude a entender todo lo relacionado con la continuidad y la discontinuidad, la persistencia y el cambio, el antes, el ahora y el después, el ayer, el hoy y el mañana... " (Texto del tríptico "Ser en el tiempo" Enterarte)



Fotos; Vanessa Julia
            Susana Verdú
Mil gracias a Raquel Navarro.

Los anillos del tiempo.

Los troncos del árbol son una medida del tiempo, cada anillo una memoria, un registro de vida, historia natural y huella de las transformaciones de la naturaleza. Información, vida, crecimiento, cambios,  huellas del tiempo que algunas veces se ven reflejadas, otras no tanto. ¿Puede ser que la Escuela deje huella en la memoria de los niños? ¿Y los niños en ella? ¿Cómo contemplamos la secuencia de los acontecimientos diarios en la escuela?


En cualquier caso este crecimiento siempre está activo, requiere observación o contemplación para comprender el paso del tiempo. Como el artista Miler Lagos quisimos jugar con esta idea, una tabla y sobre ella un listón en cuya punta dejamos caer pintura; ésta, deslizándose lentamente  hasta el suelo de madera, creaba figuras concéntricas, anilladas, coloreadas, espesas, marcadas por las transformaciones de las mezclas que se producían.


Los niños de la escuela infantil participaron de este encuentro vertiendo pintura, esperando turnos, y contemplando cada caída, cada gota con expectación, porque no había nada definido más que el peso del líquido con su propia estrategia de caída, y su comportamiento al ras de la tabla. Las esperas nunca fueron tan pactadas por ser contempladas con la tranquilidad de un tiempo sin prisas y con pausas anheladas para acabar en un “¡ooh, mira como cae…!”