Los anillos del tiempo.

Los troncos del árbol son una medida del tiempo, cada anillo una memoria, un registro de vida, historia natural y huella de las transformaciones de la naturaleza. Información, vida, crecimiento, cambios,  huellas del tiempo que algunas veces se ven reflejadas, otras no tanto. ¿Puede ser que la Escuela deje huella en la memoria de los niños? ¿Y los niños en ella? ¿Cómo contemplamos la secuencia de los acontecimientos diarios en la escuela?


En cualquier caso este crecimiento siempre está activo, requiere observación o contemplación para comprender el paso del tiempo. Como el artista Miler Lagos quisimos jugar con esta idea, una tabla y sobre ella un listón en cuya punta dejamos caer pintura; ésta, deslizándose lentamente  hasta el suelo de madera, creaba figuras concéntricas, anilladas, coloreadas, espesas, marcadas por las transformaciones de las mezclas que se producían.


Los niños de la escuela infantil participaron de este encuentro vertiendo pintura, esperando turnos, y contemplando cada caída, cada gota con expectación, porque no había nada definido más que el peso del líquido con su propia estrategia de caída, y su comportamiento al ras de la tabla. Las esperas nunca fueron tan pactadas por ser contempladas con la tranquilidad de un tiempo sin prisas y con pausas anheladas para acabar en un “¡ooh, mira como cae…!”



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