Un momento para hablar del silencio


"It is the time you have wasted for your rose that makes your rose so important."
The Little Prince… Antoine de Saint Exupéry.


En un intento de “reunir todos besos” recibidos a diario en la escuela, aquellos que de forma gratuita y fortuita los niños regalan a sus maestros, surgió un proyecto sorprendente con el que nos acercamos al tacto, la mirada, las emociones de los niños y  sus pensamientos. A través del arte como pretexto para encontrar un espacio íntimo lleno de secretos y magia, pero sobre todo para reconocer un espacio compartido. Mediante una muestra de las bocas de los niños en escayola, con toda su simpleza y su textura dejaron huella momentos imborrables entre el maestro y el niño revelando nuevos registros de un mundo intelectual y afectivo entre ambos.

Existe una corriente que fluye a través de todo y todo encaja. Estamos conectados unos con otros. El niño lo está con la vida y con el mundo que le rodea. ¿Somos conscientes de ello? Cuando un maestro en el aula comprende ese modo de sentir, comprende mejor al niño. Las fórmulas que ofrecen estos resultados se encuentran en aspectos cotidianos, sutiles del día a día. Una mirada, una sonrisa, o el modo en que el niño anda, nos pueden dar una información valiosa de su estado de ánimo. A veces, se entorpece esa conexión: cuando estamos tan preocupados por lograr objetivos y contenidos en las programaciones y no nos damos cuenta que sólo pensamos en eso y no en el niño. Las prisas, los horarios fragmentados, etc., hacen que las experiencias vitales del pequeño pasen desapercibidas. No ocurre siempre, afortunadamente. Una conexión se enciende y se apaga dependiendo de las necesidades cotidianas. 

Un maestro sensible vuelve a conectar con los sentimientos comprendiendo que el niño experimenta el mundo a través de los sentidos, de su medio físico. Un abrazo oportuno, una caricia o una sonrisa da información al niño de que a pesar de lo duro que puede ser adquirir y procesar los aprendizajes sugeridos (unir sílabas, reconocer las letras y sus sonidos, coger el lápiz cómodamente…), él es un ser querido e importante en la escuela. 

El niño percibe el mundo a través de vibraciones que pueden ser transmitidas por una mirada, un gesto amable o no tanto, el tono de voz, etc. Estas las traduce a través de sus ojos, de sus oídos, incluso con su nariz o su lengua o con el tacto. Traduce olores, sabores y texturas que le ayudan a comprender la información y el mundo que le rodea. Pero, ¿qué pasa con aquella interpretación más compleja que parte de las emociones? ¿Cómo se percibe? ¿Cómo se interpretan los sentimientos? ¿Cómo se utiliza este insólito mundo de sensaciones y conocimientos para orquestar una experiencia futura? Los maestros y los niños interactuamos constantemente para comprender el mundo desde perspectivas muy amplias y justo a través de experiencias físicas. Es posible que el niño forme un concepto de quién es y en quién se está convirtiendo a través de sus experiencias. 

Hemos reflexionado sobre lo importante que es ofrecer un espacio para el silencio en el aula y en la escuela, además de establecer tiempos adecuados para “sentir al niño”. Nos preguntamos si cuando éste grita es porque busca que le escuchen o si lo que necesita son momentos de reflexión para “digerir” toda la información que se ofrece en una escuela con horarios cada vez más fragmentados. Nos preguntamos también si el silencio nos guía a la realización de la identidad propia. De alguna manera, esos tiempos nos llevan a descubrir a la persona que se encuentra detrás de todos sus actos, a la persona que está detrás de todas la manifestaciones que atribuimos al exterior. Descubrimos que al ofrecer momentos de silencio, los sucesos más pequeños de la vida de los niños son los más importantes, los más elementales. Desde entonces consideramos que establecer un espacio sensible en las aulas podría no ser una idea descabellada, permitir así que el silencio no fuese algo negativo sino necesario o permitir tiempos para la escucha entre todos los acontecimientos cotidianos de la escuela o bien tiempo para los abrazos ¿Por qué no?

Hay un cuento sufí que dice que un ángel se aparece a los bebés en el vientre materno justo antes de nacer. El ángel, al posar su dedo sobre el labio superior, les deja una marca a los niños para que no olviden toda la sabiduría aprendida en el universo intrauterino. Después de leer estas frases es posible que algunos niños estén conectados con mucha sabiduría, en cualquier caso, para averiguarlo habrá que escucharles y quizás, la escuela debe proyectar un espacio para ello. Ignorarlo podría ser ignorar otros mundos, otros significados y sobre todo a ellos mismos.

 
Referencias;
Omar Ali Shah;  Amor, humor, enseñanza. Editorial Sufí, Colección Generalife 2008

Ficha técnica:
Alginato (de venta en tiendas especializadas, material odontológico). Escayola y vendas de escayola.





1 comentario:

  1. En esos maravillosos espacios sensibles que se pueden crear para los abrazos, para el silencio...es sin duda dónde se va a gestar o recordar(ángel sufí) la base más sólida posible para una experiencia vital plena.
    Demos ese espacio a los niños y mantengamos ese espacio para los adultos.
    Felicidades por esos momentos en la escuela.
    Abrazos y cariños:)

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