El juego espontáneo

Cuando nos empeñamos en algo, incluso cuando no sabemos cómo hacerlo junto con la pasión por construir algo en equipo, nos impulsa a lograr superar pequeños retos.  Es fundamental encontrar personas o situaciones en el día a día que nos puedan ayudar a afrontar o desarrollar habilidades con optimismo y con actitud constructiva. 

Resulta interesante compartir aprendizajes porque no sólo aprendemos de los maestros, sino de otros niños y niñas, así como  de la experiencia misma. Encontramos esto y más en la vida cotidiana de la Escuela combinándose con la organización de otras tareas que refuerzan los juegos simbólicos, la construcción, la plástica o la psicomotricidad. Pero también el patio de juego. Esto permite una atención individualizada y ayuda al maestro a dar mejores respuestas a las características personales de cada niño.

Para que el lenguaje cobre un significado y para que la destrezas tengan un sentido han de darse nuevas estrategias, pensamientos, habilidades estas que fluyen detrás de cada pequeño o gran acontecimiento en la escuela. En definitiva necesarios para identificarse con la vida. Podríamos considerarlos como intercambios que hacen que la escuela sea un lugar dinámico y que los conceptos sean visibles constantemente. Así como los vínculos que se establecen unidos a la comunicación; el reconocimiento que subyace de la mirada del maestro frente a las acciones de nuestros niños.

El valor del juego espontaneo y su estética en este caso espontánea, simplemente es en si mismo una maravilla, es un ofrecimiento efímero cargado de un pensamiento o más, unidos a varios símbolos en acción.

“Experiencia Estética y Arte de Participación: Juego, Símbolo y Celebración”. por Javier Abad Molina.






Memorias del viento, lo imperfecto.

Experiencia realizada por niños de cuatro años
Antiguamente las alfombras persas se completaban con una imperfección poco perceptible a simple vista, se hacía para recordar la humildad del artesano que la creo. ¿Podríamos reconocernos y apreciar la imperfección como parte de una armonía natural de la vida? Cuando los niños nos presentan sus conquistas y sus producciones o sus hallazgos solemos sorprendernos, abrazarles y aplaudirles, pese a sus bordados sin terminar, sus borrones y rotos o sus construcciones endebles. Las maestras dan valor a sus logros, pero a la vez se estimula la idea de que la imperfección es una oportunidad para seguir creando y aprendiendo. Hay niños, personas, que vamos creciendo sabiendo que la Vida puede ser un proceso donde lo imprevisto es posible. Me llama la atención, que posiblemente con el tiempo nos volvamos tan exigentes con nosotros mismos que se nos olvide la belleza de la imperfección y que esta forma parte de la condición humana. Este concepto en el que no se oculta los defectos, si no que se muestran como una posibilidad donde el azar toma parte, donde se permite que se vea la fragilidad de las cosas es toda una actitud, que si me permitís es toda una actitud artística. El poder apreciar lo perecedero, lo fugaz, lo irrecuperable o las grietas es celebrar la imperfección y la espontaneidad. Pero también es restar peso a las preocupaciones materiales y dar valor a las posibles soluciones que no se nos habían ocurrido. Según Richard R. Powell en Wabi-Sabi Simple: Create beauty, Value imperfection. Live deeply Explica que la imperfección también da valor a lo auténtico, reconociendo que nada dura para siempre, nada está completo. ¿Por qué no dar valor también a la naturaleza de las cosas simples?



Fotos proporcionadas por las maestras en formación del curso:

Creatividad a través de la expresión plástica inspirada en cuentos, arte y naturaleza






Gracias a la maravillosa labor del CPR de Plasencia y al trabajo conjunto de Rita Noguera







Bitácora

Quisiera explorar tantas filosofías y metodologías de trabajo con los niños, cada curso se presenta diferente y lo que sirvió un curso no vale para el siguiente. Supongo que tiene que ver con los diferentes lenguajes expresivos, la cultura o las generaciones que son cambiantes. Pero lo que no cambia es la alegría, siempre presente en cada pequeño acto cotidiano del día en el aula. Esta alegría debe ser una parte significativa de nuestro hacer pedagógico y mostrarse en nuestras experiencias diarias, para mí es como un termómetro, si no nos sentimos contentos juntos en clase algo no va bien.

Los días más nublados se llenan de un “hacer", en un hacer bien o mal, lleno de contenidos, un hacer sin errores (siempre con la goma en la mano), en hacer con esfuerzo para todos porque es lo que hay que hacer….Y me olvido de que no me estoy comunicando bien,
se trata de una sensación de ser uno con ellos, tratar de aprender juntos y de escuchar de verdad, reflexionando desde las preguntas que juntos formulamos.¿Consideramos el verdadero deseo de aprender? ¿De dónde proviene esa voz?

Pensamientos y contenidos están en la cabeza de cada docente pero se nos olvida quizás que hay tiempo para todo.  Cuando es un placer permitirles crecer y experimentar como expresar libremente aquellos procesos de aprendizaje traídos al aula, es solo entonces cuando surge una magia espectacular; el proceso en evolución. He de ser sincera, a veces pierdo esta mirada, me envuelve algo más grande y me absorbe y es entonces cuando dejo de sonreír y siento que la educación pesa mucho...

Creo que cuando se trabaja con los niños siempre hay que practicar un cierto sentido de abandono, un dejarse llevar, aceptando un ritmo diferente o varios dentro del grupo y aprender a bailar y cantar nuevamente cada curso de forma diferente, por supuesto
que desde un sentido de equilibrio pero permitiendo tiempos diferentes, los de cada uno para que juntos podamos crear una partitura única.




Juegos lingüísticos y representados por los niños de ed. infantil


De la Habana ha venido un barco


De mi ventana huye el barco
venido ayer de La Habana.
¡Saltemos del lecho al barco,
lucero de la mañana!

A pasar por tu azotea,
me echarás una naranja
y un zapatito de oro,
lleno de almendras y agua.

¡A las Antillas me voy
por unas mares de menta
amarga!

R. Alberti






Matemáticas y arte


Los niños y las niñas tienen derecho a desarrollar su potencial creativo desde los primeros momentos de su vida, cuyas bases se asientan en la sensibilidad y la capacidad de expresión, y la escuela tiene la responsabilidad de proporcionarles la oportunidad de que lo hagan.
Propongo como objetivo global hacer emerger y encauzar las potencialidades artísticas innatas que tienen todas las personas, sin olvidar la influencia de la música, el teatro, el movimiento y la plástica en el desarrollo global del niño. Siendo el encuentro entre las artes el que facilitará un desarrollo equilibrado tanto a nivel corporal, afectivo como social. Permitiendo el desarrollo del máximo potencial personal e influyendo directamente sobre su lecto-escritura, ritmo, capacidad de comunicación, coordinación, pensamiento lógico y matemático y memoria pero no solo facilitará desarrollar al máximo estas áreas sino también posibilitará su trabajo en grupo, crear y relacionarse mas libremente, recordar visual y auditivamente, expresar emociones, sensaciones y estados de ánimo.
Un amigo me dio a conocer la obra de la artista María Platero, fue nuestro motor para relacionar la mediciones que estábamos realizando en clase con una expresión más poética. Las reglas de la naturaleza nos invitaron a seguir explorando el entorno desde un juego de escalas. Servidos de las nuevas tecnologías los niños pedían aquello que querían medir, el sol, las nubes, los arboles, los bichos, etc.








¿Diferencias entre arte y técnica?



La técnica se puede enseñar y se puede aprender. El arte no. ¿Acaso medimos la música cuando la escuchamos? ¿Cómo se tecnifica la música? ¿Se tecnifican los procesos de elaboración?  El arte hay que practicarlo con el cuerpo, con las manos, con la mirada y miradas diversas, con la boca o con el olfato…y acercarte a varias expresiones de arte, diferentes entre sí, es cambiar de perspectiva y por tanto posiblemente de pensamiento pero esto no es lo mismo que abordar la técnica. No lo es. Tiene que ver mas con el sentir, con la provocación, con las risas que se suscitan, o las reflexiones que de ella parten. Todas y tantas tan diferentes como las personas que participen de ellas. El arte de hablar con las personas que nos rodea, el sentir como ellas están sintiendo o viendo u oliendo, la escucha, el otro, y el entorno no es ajeno a la experiencia artística. Pasear, caminar sin rumbo, bailar y cantar porqué sí o reír sin motivo ¿Podrían ser estas acciones  formas artísticas?

¿Sería lo mismo que decir que el arte es crearse a uno mismo? Quizás la vida es esencialmente hacerse. Para mí, como docente, la vida es hacerse lo que uno Es siendo, creando, permitiendo errores, validando la creatividad de mil maneras posibles. Habría que intentar desplegar lo que potencialmente somos, si no seriamos unos analfabetos desarrollados. Quizás sea este uno de los retos conscientes o no del docente, estimular los talentos visibles o aquellas no tanto de sus alumnos, dando voz a sus singularidades, aquello que nos hace únicos. 








Una escalera en el cielo.


Una nube en una jaula, inspirada en la obra de Chema Madoz. Realizado por niños de cuatro años.  




Una visita al museo.

Los indios de Norteamérica llegaron al museo Thyseen en Madrid. Un grupo de niños después de la visita a la exposición del viejo o lejano Oeste, comisariada por el artista Miguel Ángel Blanco, integraron los visto mientras disfrutaban de los mapas.  Añadían más preguntas a la vez que intentaban gestionar sus propias conclusiones con la verdad contada sobre la historia de varias poblaciones. El protagonismo del explorador, los animales sagrados, los villanos, el cine y los mitos, las costumbres de unos o de otros pobladores de un nuevo y viejo mundo, sazonado todo ello con el entorno natural de aquella época visto con los ojos de la nuestra puede generar nuevos pioneros, para descubrir o comprender un mundo desde una visión amplia y visual completa. Junto con las leyendas nativas y la perspectiva de un "artista explorador" son los ingredientes para alimentar imaginaciones.










Gracias Elisa Simarro por tus fotos.






El parque de mi escuela es particular

¿Cómo suena una fuente?



Caminando cada día a la escuela pasamos por un parque que posee una fuente estupenda, una fuente que parece que baila sola con un ritmo propio, ajeno al mundo que le rodea. Los sentidos son las ventanas hacia el mundo. Los sentidos son las ventanas del cuerpo para mirar los elementos que provienen de la naturaleza, pero también los del medio ambiente que nos rodea. Hugo Assman (2004) profundiza sobre la curiosidad innata diciendo que los seres humanos somos seres biológicamente disponibles a explorar, conocer, buscar sentido y la calidad de los significados a través de la ludicidad humana y de los procesos creativos.

Nuestro experimento; entre todas las actividades realizadas y que aún se están realizando una de ellas fue la “sentir la fuente”. Así una tarde de sol salimos andando desde la escuela hasta la fuente del Parque de al lado del cole. Al llegar nos vendamos los ojos. Un niño guiaba al otro de la mano y con cuidado alrededor de la fuente, un oasis lleno de chorros arqueados alejado de su función original, la de abastecer agua, por una más decorativa, solitaria y tranquila. Murmura sus secretos. Salpica dulcemente su agua haciendo sonreír al que se encuentre lo suficientemente cerca. Al girar alrededor de ella en un dulce juego sensorial parecía que su sonido era más un arrullo  produciendo un grato sosiego. Fresca y sonora descubierta con los ojos vendados pasa a ser mirada de otra manera. Poco después tocada, era necesario acercarse para averiguar aún más sobre sus reflejos. Una niña descubrió un arcoíris. Otro niño casi veía peces. Y no tardo en surgir un juego inevitable cuando intervenían los chorros de agua a pesar del invierno. Con la luz del día, mucha alegría, al borde de nuestra fuente. Vimos correr el agua y luego apagarse, esperando en el silencio. Vimos ondas tras ondas. El navegar de alguna hoja. Y algún deseo ya olvidado en forma de piedrecita cayó al agua. Un niño me decía este parque no tiene nombre se le conoce como el parque de la fuente.

Volvimos a la escuela. Con ganas de volver en verano me decían los niños. Ya en clase nos comentaron lo que habían escuchado. El sonido del aire, el pisar del césped, el sonido de las hojas de los arboles junto con el rumor del agua de la fuente. Junto con los sonidos de las bicicletas o de los coches que pasaban que curiosamente todo formaba un conjunto armonioso.
Con plastilina recrearon sus representaciones de sus fuentes y de otras nuevas inventadas con más chorros en ellas. Algunos más maravillados por el contenido de la fuente recrearon el agua como pudieron, ese sí que era un reto.


 El diálogo personal de cada niño con su escuela quedará en la memoria como una huella afectiva de ese lugar donde estamos creciendo.